De los álamos de Sevilla



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DS - 0113
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11 €

De los álamos de Sevilla
AGOTADO - SOLD OUT


Juan Carlos Rivera, Vihuela


DE LOS ÁLAMOS DE SEVILLA

MÚSICA PARA VIHUELA IMPRESA EN SEVILLA

OBRAS DE A. DE MUDARRA Y M. DE FUENLLANA.

 

Tan que vivray, de Sermisy. Glosa sobre la misma canción, (Fuenllana). 4'16"

La Romanesca: o guárdame las vacas. (Mudarra). 1'46"

Fantasía de redobles. (Fuenllana). 1'26"

Duélete de mi, señora, de Juan Vázquez. (Fuenllana). 2'49"

Fantasía I. de passos desembueltos. (Mudarra). 1'32"

Fantasía que contrahaze la harpa en la manera de Ludovico. (Mudarra). 2'18"

Pavana. (Mudarra). 2'10"

Morenica, dame un beso, de Juan Vázquez. (Fuenllana). 1'26"

Tiento y fantasía de tercero tono. (Mudarra). 5'34"

Kirie de una missa de Josquín que va sobre pange lingua glosado. (Mudarra). 2'50"

Conde Claros en doze maneras. (Mudarra). 2'00"

Fantasía V. (Mudarra). 1'45"

Pavana de Alexandre y Gallarda. (Mudarra). 3'26"

De Antequera sale el moro, de Morales (Fuenllana). 2'36"

Fantasía VII, (Mudarra). 2'28"

Fantasía II, de passos. (Mudarra). 1'31"

Fantasía IX. (Mudarra). 2'06"

De los álamos vengo, de Juan Vázquez. (Fuenllana).

Fantasía III, para desembolver las manos. (Mudarra). 1'23"

Torna Mingo a enamorarte, de Guerreros. (Fuenllana). 2'35"

Fantasía VI, (Mudarra). 2'27"

Con que la lavare, de Juan Vázquez. (Fuenllana). 4'08"

Fantasía XVI, (Fuenllana). 2'28"

Puse mis amores, de Ravaneda. (Fuenllana). 6'51"

Tiento y fantasía de octavo tono. (Mudarra). 3'21"

Fantasía de octavo tono. (Mudarra). 1'28"

Benedictus de la missa de Gaude Barbara, de Morales. (Fuenllana). 1'47"

Fantasía sobre fa, mi, re, ut. (Mudarra). 1'36"

 

Duración total: 73'40"

 


Acerca del disco

TEMPORALMENTE AGOTADO

LOS VIHUELISTAS Y LA TRADICIÓN INSTRUMENTAL

EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI

 

Nuestro conocimiento de la música instrumental en España o en Europa Occidental antes de fines del s. XV es muy escaso por la sencilla razón de que es difícil que ese que ese tipo de música nos haya llegado. Lo único que existe de esa época son algunas tablaturas para teclado de Alemania, Inglaterra o Italia, pero no hay música para otros instrumentos. Hay para ello una explicación muy simple: ese tipo de música no se escribía normalmente, o al menos, si se usaba algún tipo de notación, por básica que esta fuera, con fines mnemotécnicos, debió escribirse en hojas de papel que no han resistido el paso del tiempo.


Solo a partir de la segunda mitad del siglo XV hay indicios del surgimiento de diferentes tipos de tablatura, frecuentemente muy experimentales, para laúd y vihuela en España y en otros lugares. La falta de repertorio instrumental escrito anterior a 1500, al tiempo que vemos a instrumentistas de todas clases en pinturas de la época, o mencionados en la literatura y documentados en archivos, puede parecer contradictorio, pero no puede sorprendernos si consideramos con detenimiento la práctica y la tradición instrumental. En primer lugar, la posición social de los instrumentistas profesionales era de naturaleza muy diferente a la de los cantores profesionales o también la de los organistas. Mientras los cantores eran empleados principalmente por la Iglesia o instituciones equivalentes, tales como capillas de corte, para lo cual se requería la adquisición de un nivel relativamente alto de escritura musical, los instrumentistas proporcionaban un entretenimiento musical, consistente la mayoría de las veces en acompañamiento de canciones o danzas, que era básicamente improvisado.


Normalmente, el músico de capilla o de catedral tenía que ser adiestrado por el Maestro de Capilla en leer música, o al menos canto llano, y en leer y escribir la polifonía que se componía para las celebraciones litúrgicas. Por su parte, el instrumentista adquiría habitualmente sus habilidades durante un largo aprendizaje, frecuentemente con su padre o algún otro miembro de su familia. Tanto la técnica de ejecución como el repertorio, o la manera de improvisar música de danza y acompañamiento para canciones, pasaban de esta manera de generación en generación sin que existiera la necesidad imperiosa por tanto, de escribir la música. Sin embargo, hacia fines del siglo XV se produjeron dos fenómenos culturales que tuvieron consecuencias de amplio alcance para la práctica instrumental. El primero, la invención de la imprenta, llevó en los primeros años del siglo XVI a la publicación de los primeros volúmenes de música de laúd en tablatura. El segundo, el aumento de la afición a la composición musical, al principio dentro de los círculos cortesanos donde tocar un instrumento musical era considerado atributo del verdadero noble, y más tarde también entre aquellas personas lo suficientemente ricas para poder proporcionarse algunos ratos de ocio.

 

Tess Knighton