Misa Puer Natus Est



Detalles



DS - 0126
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11 €

Misa Puer Natus Est
Francisco Guerrero


Capilla Peñaflorida
Director: Josep Cabré


Francisco Guerrero (1528-1599)

MISSA "PUER NATUS EST"

Canciones y Villanescas Espirituales

 

1. ¡0 que nueva!  2'08"

 

2. Introitus: Puer natus est  3'44"

 

3. Kyrie eleison  7'42"

 

4. Gloria  4' 15"

 

5. Graduale: Viderum omnes  1'26"

 

6. Niño Dios d'amor herido  1'52"

 

7. Mi fe, vengo de Belén  2'31"

 

8. Credo  7'42"

 

9. Pastores, si nos quereis  3'00"

 

10. Offertorium:Tui sunt caeli '  2'13"

 

11. ¡0 grandes paces!  2'44"

 

12. Sanchís-Benedictus  5'31"

 

13. ¡0 que plazer!  2'50"

 

14. Agnus Dei  5'27"

 

15. Communio: Viderunt omnes  0'45"

 

16. Al resplandor d'una estrella  4' 17"

 

Duración Total 59'03"

 

 


Acerca del disco

FRANCISCO GUERRERO

1528-1599

 

Guerrero y su entorno sevillano.

 

"Ningún príncipe del mundo tiene ciu­dad, que en tan poco sitio y distancia, como la que ay desde esta Alcaycería hasta la puerta de Xeres (como quiera que no hay más de novecientos pasos), incluya tantos y tan sumptuosos edificios y otras casas, donde tanto oro y plata se encierre, ni tanta renta se cobre, ni que tenga por vezinos a mercaderes tan ricos y caudalosos, ni de tantas otras excelen­cias y grandezas". Así describe Alonso Morgado, en 1587, la ciudad de Sevilla. Durante el siglo XVI, Sevilla alcanzará una posición de privilegio en el contexto europeo, convirtiéndose en una de las ciudades más ricas de España. Establecida, en 1503, la Casa de la Contratación, supervisora de todos las transacciones comerciales del Nuevo Mundo, y puerto principal de los fletes americanos, Sevilla actuará de polo de atracción para mercaderes, artesanos y aventureros de diversas nacionalidades que contribuirán al ambiente cosmopoli­ta de la ciudad. La nobleza y burguesía acaudalada en ella establecida, sus igle­sias y conventos y un poderoso cabildo municipal propiciarán distintos paisajes musicales, muchos de ellos todavía por estudiar. Entre ellos, su catedral se nos presenta como el centro de producción musical más importante, que irradiará sus influencias y estará omnipresente en el entramado urbano de la ciudad.

En Sevilla, en 1528, nace Francisco Guerrero, hijo del pintor Gonzalo Sánchez Guerrero y de Leonor de Burgos. Iniciados sus estudios musicales con su hermano Pedro, ingresará en la catedral, donde alcanzará el puesto de cantor contralto. En su juventud, había aprendido también a tañer "vihuela de siete órdenes, harpa i corneta i otros varios instrumentos", según nos informa Francisco Pacheco en su Libro de des­cripción de verdaderos retratos de ilus­tres y memorables varones. Estudiará el joven Guerrero también con Cristóbal de Morales, quién recomendará a su discí­pulo para ocupar su primer puesto de maestro de capilla en la catedral de Jaén, a la temprana edad de 18 años. Tras el corto período jiennense de tres arios, Sevilla será la residencia habitual de Guerrero durante la mayor parte de su vida, en un ambiente musical de gran importancia donde entablará relación con los vihuelistas Miguel de Fuenllana, al servicio del Marqués de Tarifa; Alonso Mudarra, canónigo de la catedral hispalense; los polifonistas Juan Vázquez, Rodrigo de Ceballos, y su propio alumno Alonso Lobo y los organistas Gerónimo Peraza, Francisco Peraza y Diego del Castillo, entre otros. Parece igualmente indiscutible su vinculación con las tertu­lias y cenáculos interdisciplinares del mundo cultural sevillano de su tiempo. Entre estas academias destacó la de Juan de Mal Lara, uno de cuyos miembros era el canónigo de la catedral de Sevilla, Francisco Pacheco, tío del homónimo autor del Libro de Retratos. La vida cul­tural de la ciudad se articulaba en torno a estas tertulias y academias, auspiciadas por hombres doctos o por aristócratas que practicaban el mecenazgo. A ellas concurrían por igual humanistas y cléri­gos, literatos y pintores, la élite intelec­tual y artística de esta ciudad a la que, pensamos, no serían ajenos los músicos retratados por Pacheco: Francisco Guerrero, Francisco Peraza, y los vihue­listas Pedro de Madrid y Manuel Rodríguez. Precisamente a estos círculos literarios pertenecen Gutierre de Cetina y Baltasar de Alcázar, que proporcio­narán textos poéticos para las obras en lengua romance de Francisco Guerrero. Los contactos de Guerrero con estos poetas quedan claramente definidos en los retratos que Pacheco hace de ellos. Refiriéndose a Baltasar de Alcázar, escri­be: "fue mui diestro en la música, com­puso algunos madrigales, a quién hacía el tono y la compostura dél, que el insigne maestro Guerrero praticava con gran satisfación y los estimava en mucho. Tuvo con él estrecha amistad por la música y la poesía...Hizo muchas cancio­nes i otras obras, como él me certificó, que comunicava a su grande amigo Gutierre de Cetina".

Las impresiones de las obras de Guerrero en París, Lovaina, Ronia y Venecia, y su estancia en Italia, donde establecerá un estrecho contacto con dis­tintos músicos, entre los que destaca Gioseffo Zarlino, lo vinculan a un entor­no europeo. En este sentido, hay que destacar el acceso a una de las mejores bibliotecas musicales europeas, la de la catedral sevillana, que, desde 1552, había incorporado el valiosísimo legado bibliográfico de Hernando Colón.