Pedro Bermúdez



Detalles



DS - 0152
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11 €

Pedro Bermúdez
Música en la Catedral de Guatemala - Siglo XVI


Ars Longa de la Habana
Director: Teresa Paz


Pedro Bermúdez , Catedral de Guatemala.

 

Misa de Bomba

Christus natus est

Incipit Lamentatio Jeremiae Prophetae

Jesu nostra redemptio

Maria soror Lazari

Defensor alme Hispana

O gloriosa Domina

Salve Regina

 

Códice 7 de Santa Eulalia, Huehuetenango, Guatemala (siglo XVI)

Así andando

Ah, que es tan doncella Madre

Dios es ya nacido

Llegaos al convido

De la sagrada María

Forzado de amor

Alegría pecadores

Ábrase el Reino del cielo

 

Conjunto de Música Antigua Ars Longa

Dirección: Teresa Paz

 

Producción: José María Martín Valverde

Grabación y Postproducción: Guillermo Martín

 

 


Acerca del disco

La vida y trayectoria profesional de Pedro Bermúdez (fl. 1574-1604), uno de los más notables polifonistas del primer siglo de dominio español en el Nuevo Mundo, puede describirse con una sola palabra: peregrinación. Siendo aún un adolescente que recién se preparaba para recibir las órdenes menores eclesiásticas, la Catedral de Jaén lo contrató como uno de sus cuatro clerizones numerarios, en septiembre de 1574. Antes de concluir el año, el mozo cantor solicitó una licencia de 15 días y viajó a su Granada natal para recibir la orden eclesiástica de corona. No volvió más. Ocho años después, en la ceremonia de ordenaciones celebrada en la Catedral de Granada el 18 de diciembre de 1582, el arzobispo Juan Méndez Salvatierra le otorgó la orden de subdiácono. Desde el primero de marzo de 1584 empezó a servir como clérigo beneficiado en una parroquia de Santa Fe, pero pronto buscó un oficio más afín a su vocación musical. Así, el 7 de agosto de ese mismo año participó en las oposiciones para el magisterio de capilla de la Real Colegiata de Antequera, donde fue seleccionado por unanimidad. Su negligencia para ocuparse de la educación musical de los mozos y acólitos desembocó en su destitución, a principios de 1587, aunado al hecho de que “estaba preso en la cárcel por haberse atravesado en pendencia con Francisco Moreno”, tenor y barrendero de la colegiata. Bermúdez no se enteró sino hasta que, al salir de prisión, vio en la puerta de la iglesia el edicto convocatorio para su plaza de maestro de capilla. Desesperado, interpuso una querella en la Real Chancillería de Granada contra el cabildo eclesiástico de Antequera, por despido forzado en su ausencia sin comunicarle razones y sin posibilidad de apelación. Aunque la audiencia resolvió a favor del maestro de capilla, ordenando su restitución inmediata con el respaldo de una real provisión de Felipe II, el cabildo antequerano solicitó un testimonio de que el caso se resolvió “por vía de fuerza” e ignoró el mandato real. Debió regresar a Granada, pues aparece como uno de los cuatro capellanes amovibles, sacerdotes cantores de la Capilla Real de Granada, en documentos de 1591 y 1592. El 5 de noviembre de 1593 fue recibido en la Catedral de Sevilla como maestro suplente de Francisco Guerrero en la educación de los seises. Posiblemente desempeñó este cargo hasta finales de 1596, fecha en la que se embarcó hacia el virreinato del Perú. El 10 de septiembre de 1597 fue nombrado maestro de capilla de la Catedral del Cusco, en sustitución de Gutierre Fernández Hidalgo, quien fue despedido para recibir a Bermúdez. En algún momento posterior a marzo de 1600 y previo a agosto de 1602, tomó posesión del magisterio de capilla de la Catedral de Guatemala, desde donde llegaron noticias de sus habilidades a las autoridades de la Catedral de Puebla de los Ángeles. Justamente en esa época, el cabildo y obispo angelopolitanos buscaban con apremio un maestro de capilla competente. Descartaron al candidato con quien venían negociando desde meses atrás y ofrecieron a Pedro Bermúdez un ostentoso salario y ventajas económicas adicionales. Bermúdez partió de Guatemala hacia Puebla el 3 de mayo de 1603. Fue recibido el 27 de junio. Es notable la manera en la que el cabildo de la Catedral de Puebla propició condiciones aventajadas a favor de Pedro Bermúdez, tal y como lo hizo el cabildo de la Catedral del Cusco. Aun así, las concesiones no fueron suficientes para retener al compositor por mucho tiempo. A menos de un año de su llegada, Bermúdez decidió renunciar al magisterio de capilla de la Catedral de Puebla. El 8 de abril de 1604 cobró sus salarios. Para la segunda semana de mayo ya no estaba en la ciudad. A partir de entonces se le pierde la pista a uno de los compositores más representativos de la polifonía sacra de finales del siglo XVI y principios del XVII en el Nuevo Mundo.

El legado musical de Pedro Bermúdez que ha perdurado hasta nuestros días está conformado exclusivamente por obras con textos en latín. Todas, excepto una, se encuentran en los libros de polifonía de la Catedral de Guatemala. Algunas de ellas aparecen duplicadas en varios libros de la Catedral de Puebla, junto con una que sólo se conserva ahí. Su lenguaje musical se apega al de la polifonía clásica del siglo XVI, pero presenta ciertos elementos rítmicos, armónicos y melódicos que apuntan hacia la nueva práctica del XVII. El invitatorio de Navidad Christus natus est que aquí se ofrece constituye un buen ejemplo. A pesar de estar escrito a 8 voces, práctica que apunta hacia el estilo moderno, éstas no están agrupadas en varios coros dialogantes entre sí, como llegaría a ser habitual en las obras policorales del siglo XVII. En cambio, desarrolla en el primer verso de la antífona del invitatorio una densa trama polifónica en la que siete voces hilan simultáneamente un enérgico contrasujeto imitativo alrededor del cantus firmus. La concentración de tantos recursos contrapuntísticos en la antífona del invitatorio y su autosuficiencia permiten extrapolarla de su contexto original y aprovecharla como un breve motete instrumental, prescindiendo del salmo 94 que habría de alternarse en canto llano con los dos versos de la antífona en polifonía.

Omar Morales Abril