Juan Gutierrez de Padilla



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DS-0142
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11 €

Juan Gutierrez de Padilla
Música de la Catedral de Puebla de los Ángeles


Ars Longa de la Habana


 

JUAN GUTIERREZ DE PADILLA

 

MÚSICA DE LA CATEDRAL DE PUEBLA DE LOS ÁNGELES

 

1. A LA JÁCARA JACARILLA Jácara a 4. Año de 1653

 

2. OYE NIÑO HERMOSO Gitanilla a 3. Año de 1655

 

3. ¡AH, SIOLO FLASIQUIYO! Negrilla a 6. Año de 1653

 

4. SI DE AMOR LA VIVA FRAGUA

 

Gaspar Fernández

 

5. PUES EL CIELO SE VIENE A LA CHOZA A 3 y a 6. Año de 1653

 

6. LÁGRIMAS DE UN NIÑO A 3 y a 6. Año de 1657

 

7. TAMBALAGUMBÁ Negrilla a 6. Año de 1657

 

8. PARA QUÉ SE VISTE FLORES A 4. Año de 1657

 

9. VENGAN, NO SE DETENGAN A 4. Año de 1657

 

10. A FE ZAGALA

 

Gaspar Fernández

 

11. LAS ESTRELLAS SE RÍEN Juego de cañas a 6. Año de 1655

 

12. NIÑO RENDÍO SÁ Negrilla a 4. Año de 1655

 

13. ¡AY! QUÉ CHACOTA A 3 y a 6. Año de 1657

 

14. EN LA NOCHE MÁS BUENA Jácara a 4. Año de 1655

 

15. VOCES LAS DE LA CAPILLA A 6. Año de 1657

 

16. DE CARÁMBANOS EL DÍA VISTE Calenda a 4. Año de 1653

 


Acerca del disco

Tres Cuadernos de Navidad de Juan Gutiérrez de Padilla

 

Encantados por la música del mítico Gaspar Fernandes (Portugal, ca. 1565-70-Puebla, 1629), que fuera maestro de capilla de la Catedral de Puebla de los Ángeles, el Conjunto de Música Antigua Ars Longa y su directora Teresa Paz han retornado nuevamente a la interpretación del repertorio producido en esa sede catedralicia durante el siglo XVII.

 

Se trata en este caso de la obra del sucesor de Fernandes, el malagueño Juan Gutiérrez de Padilla (Málaga, ca. 1590-Puebla, 1664), quien —como aquél— transitó de la Península al Nuevo Mundo.

 

Para esta ocasión se tomó como punto de partida uno de esos trabajos imprescindibles para el redescubrimiento musical de la América Novohispana: Tres cuadernos de Navidad, publicación de la Fundación Vivente Emilio Sojo y el Consejo Nacional de la Cultura de Venezuela (1998).

 

A partir de una copia microfilmada de los archivos de música sacra de la Catedral de Puebla de los Ángeles —que realizaron en 1965 los doctores Lincoln Spiess y Thomas Stanford y hoy se conserva en la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela—, se llevó a cabo un arduo trabajo de equipo. A cargo de Mariantonia Palacios, con la asesoría de Aurelio Tello y la participación de un colectivo de transcriptores integrado por Nelson Hurtado, Patricia Alonso y Ricardo Henríquez, este trabajo derivó en la publicación de los cuadernos de Navidad escritos por Juan Gutiérrez de Padilla para los festejos navideños de Puebla en 1653, 1655 y 1657; formado, cada cuaderno, por un invitatorio —Christus natus est— y nueve villancicos.

 

Ya había hecho mérito Padilla en el sur de España para ocupar el cargo de maestro de capilla en las catedrales de Jerez de la Frontera (1613) y Cádiz (1616) cuando aparece registrado su nombre en Puebla, a partir de 1622, como cantor de la Catedral y maestro de capilla adjunto. Desde entonces, apoya al maestro de capilla titular, Gaspar Fernandes, hasta que éste muere en 1629, y ocupa, definitivamente, su lugar.

 

En tiempos de Padilla, la Catedral de Puebla de los Ángeles devino uno de los centros culturales más importantes del Nuevo Mundo. La llegada en 1640 a Puebla del obispo y virrey don Juan de Palafox y Mendoza aceleró la construcción de la nueva catedral, que fue considerada en su época «el mayor y más sumptuoso Templo que se conoce en estos Reynos de la América». Por ende, había allí músicos de gran valía como el niño de coro —y futuro maestro de capilla— Juan García [de Zéspedes], y el bajonista, organista y compositor Francisco López Capillas, por sólo mencionar dos ejemplos.

 

Al margen de sus funciones como maestro de capilla, Padilla fue dueño de una fábrica de instrumentos musicales cuya fama se extendió hasta Guatemala. Según consta en un documento certificado por notario en Puebla, en 1641, efectuó la venta de «veinte bajones grandes, veinte bajicos tiples, diecisiete juegos de tres chirimías y dos flautas».

 

Es probable que de este mismo taller se nutriera el instrumentarium de la Catedral de Puebla imprescindible para abordar la interpretación de esas «arquitecturas» contrapuntísticas y policorales a ocho voces que caracterizan sus obras y en las que era costumbre que los vientos doblaran la parte de los cantores.

 

Quiso el azar que chirimías, bombardas, bajoncillos y sacabuches llegaran en el momento preciso a las manos de Ars Longa, en febrero de 2005, y pudiera interpretarse la música de Juan Gutiérrez de Padilla en correspondencia con los magníficos instrumentos de su taller de luthiería en Puebla. Una de las dos piezas sin texto del Cancionero Musical de Gaspar Fernandes —que se emplean a manera de obras instrumentales en el disco— fue interpretada por el nuevo ensemble de viento con el que ahora cuenta esta agrupación cubana, gracias a la colaboración del ensemble Doulce Mémoire —durante el III Festival de Música Antigua Esteban Salas— y Le Couvent, Centre International des Chemins du Baroque, Francia.

 

Durante treinta y cuatro años se desempeñó Gutiérrez de Padilla como maestro de capilla de la Catedral de Puebla de los Ángeles y produjo un abundante catálogo que el musicólogo Robert Stevenson —pionero en el estudio de su obra— divide en seis categorías: misas, motetes, antífonas marianas, lamentaciones, pasiones y villancicos. Pero sin duda alguna son estos últimos, los villancicos, «uno de los aportes más singulares y originales del barroco hispanoamericano», según declara Aurelio Tello al comienzo del prólogo del libro dedicado a sus cuadernos de Navidad.

 

De manera que, como en el caso del repertorio del CD Gaspar Fernandes. Cancionero musical de la Catedral de Oaxaca (Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y K.617, 2003), fue preciso hacer una selección de las obras escritas por Juan Gutiérrez de Padilla teniendo el cuidado de escoger para este disco aquellos villancicos más representativos de los tres mundos que confluyen en Puebla: América y sus pobladores autóctonos, España y los peninsulares, África y los negros esclavos.

 

Comenta Mariantonia Palacios en la introducción a la edición de los Tres Cuadernos de Navidad que «estos ciclos están conformados por villancicos de varios tipos: villancico de calenda [De carámbanos el día se viste], con el que se abre el ciclo, generalmente largo y elaborado; juego de cañas [Las estrellas se ríen], donde se describe esta característica diversión española de marcada ascendencia morisca; la jácara [A la jácara jacarilla y En la noche más buena], tonada picaresca para ser bailada que caracteriza al guapetón del pueblo; las negrillas [¡Ah, siolo Flasiquiyo!, Niño rendío sá y Tambalagumbá], con graciosos diálogos que imitan la jerga de los negros esclavos de Guinea», a lo que yo agregaría los villancicos de rorro [Oye niño hermoso] con los que entonaban preciosos cantos de cuna al niño Jesús.

 

Miriam Escudero