Yo que soy contrabandista



Detalles



DS - 0114
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11 €

Yo que soy contrabandista
Manuel GarcĂ­a


Ernesto Palacios


MANUEL GARCÍA

CANCIONES

 

El Riqui Riqui 2'29”

Fortunilla 3’05”

Qué tentación de risa 2’01”

Parad avecillas 2’50”

Caramba 3’03”

Tirana 2’40”

Bajelito nuevo 1’54”

Letrilla española: Las nadadoras 2’33”

Cuerpo bueno, alma divina. Polo de "El Criado Fingido” 2’03”

San Antón lo bendiga 2'52”

Rosal 2’39”

Letrilla 1’27”

La Rosa 2’38”

Tú que no puedes 1’27”

La flor del Zurguén 1’35”

Abre el ojo, mona 2’46”

Llévame a Zurguén 1’46”

Serení 1'13"

Floris 3'30"

Y no lo digo por mal 1'24”

Ay ay ay, que sí 2’31”

Yo que soy contrabandista. Polo de "El poeta calculista 2'10°

Mejor es callar 2'00”

 

DURACIÓN TOTAL 54'31"

 

ERNESTO PALACIO, Tenor.

JUAN JOSE CHUQUISENGO, Piano. JUAN CARLOS RIVERA, Guitarra.*

*Guitarra clásico-romántica (Lourdes Uncilla, 1987, copia de Petit Jean L'Ainé, Paris, ca. 1795).

 

 

 


Acerca del disco

LAS CANCIONES DE MANUEL GARCIA.

Manuel del Pópolo Vicente García no es sino un gigantesco mito, un mito decimonónico en el más amplio sentido del término. Hace ciento cincuenta años se veneraba a los astros del bel canto italiano (compositores y cantantes), del sinfonismo germano o del pianismo polaco y bohemio, y era en París donde se consagraba el reconocimiento internacional. Pero en el París de 1830 se veneraba también a la música española y, en general, a todo aquello que procedía de España, al calor del romanticismo. Y París fue la ciudad que consagró al sevillano Manuel García, no sólo como cantante, sino también como compositor.

París también vio nacer, en 1821, a su hija Michelle Ferdinande Pauline, conocida posteriormente como Pauline Viardot-García 21-1910). Ahijada de Giuseppe Ferdinando Paër, políglota desde la niñez, cantante, compositora, pianista y maestra de canto, la mezzo-soprano Pauline Viardot fue una de las personalidades más completas del siglo XIX. Alumna de Anton Reicha y de Franz Liszt, musa del escritor ruso Ivan Sergeyevich Turgenev o de Alfred de Musset, amiga íntima de Clara Schumann, George Sand y de Chopin, inspiradora de Gounod, Berlioz, dedicataria de Brahms o Fauré, Pauline

sólo estuvo una vez en España, en 1842. Aunque ni siquiera era española de nacimiento es una de las figuras fundamentales para entender la proyección de la música española en toda Europa. Ella es la segunda protagonista de esta grabación: no en vano realizó los acompañamientos pianísticos de la colección titulada Chansons Espagnoles par Manuel García pére, paroles françaises de Mr. Louis Pomey, arrangées avec accompagnement de Piano par Mme. Pauline Viardot , publicada por Gérard en París en 1875, con motivo del centenario del nacimiento de su padre, a partir de unos manuscritos en poder de la familia García. Los títulos y los textos se publicaron en francés, lo cual llevó a Pauline Viardot a hacer algunos arreglos para adaptar las palabras francesas. Afortunadamente, se publicaron los textos y melodías originales en castellano, en folio aparte, que se han utilizado en esta grabación. En Francia, donde García publicó las canciones que figuran en esta grabación, sería considerado el "prémier ténor de toutes les Espagnes", "le Grand García", y, en fin, un "homme pittoresque". Desde el final de la Guerra de Independencia española, París y Londres (dos ciudades importantes en su trayectoria profesional) eran centros de difusión de la música española, en particular de la canción. Tras la Guerra de Independencia, los europeos no sólo se llevaron a Francia el baile del bolero, el fandango y la cachucha, sino también canciones españolas, a través de copias manuscritas que, en ocasiones, llegaron a editarse en París y en Londres. Estas obras tenían gran acogida en los salones aristocráticos y de la nueva burguesía, lo cual se evidencia, por ejemplo, en los boleros de société para piano y para canto y piano. Algunas canciones se editaban en colecciones de Aires Nacionales Españoles para canto, piano o guitarra, casi siempre a instancias de algunos músicos españoles emigrados, caso, por ejemplo, de Narciso Paz o Salvador Castro de Gistau; otras veces, fomentadas por algunos editores con agudo sentido comercial, caso de Paccini o Benoist en París.

El repertorio sería difundido por músicos como Fernando Sor, Trinidad Huerta, José Melchor Gomis o el propio García. Manuel García se convirtió en uno de los apoyos de los músicos exiliados que, en los años de la monarquía de Fernando VII, llegaban en gran número a Francia e Inglaterra. Los europeos comenzaban entonces a interesarse por España no sólo a través de su literatura sino también de su música, hecho que ha sido prácticamente ignorado en los estudios sobre el romanticismo español, en su mayoría centrados en las manifestaciones literarias. En este sentido, el papel de la canción española fue muy relevante y condicionó la visión imaginativa y pintoresca que los intelectuales europeos se forjaron de nuestro país y sus manifestaciones autóctonas, personajes y actitudes ante la vida que pronto serán convertidos en clichés literarios. La canción era uno de los medios de expresión más apropiados para la consolidación del creciente pintoresquismo español.