I Concurso de



Detalles



DSF-0210
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24 €

I Concurso de
Granada, 1922


Varios


 

MANUEL TORRE. Guitarra: Hijo de Salvador.

 

1. SIGUIRIYAS. Siempre por los rincones. (1922)

 

2. SOLEARES. Tan solamente a la tierra. (1922)

 

3. SIGUIRIYAS. Quedito los golpes. (1922)

 

4. SOLEARES. Yo dije que me echaría. (1922)

 

DIEGO BERMÚDEZ, “EL TENAZAS DE MORÓN” Guitarra: Hijo de Salvador.

 

5. CAÑA. En el querer no hay venganza. (1923)

 

6. SOLEARES. Correo de Vélez. (1923)

 

7. SOLEARES DE PAQUIRRI. Magino entre mí. (1923)

 

8. MARTINETES. Ya me sacan de la cárcel. (1923)

 

9. SIGUIRIYAS GITANAS DE SILVERIO. He andaito la Francia. (1923)

 

10. SERRANAS. Bajó llorando. (1923)

 

ANTONIO CHACÓN. Guitarra: Ramón Montoya.

 

11. MEDIA GRANAÍNA. Engarzá en oro y marfil. (1925)

 

RAMÓN MONTOYA. Guitarra.

 

12. SOLEARES EN MI. (1925)

 

COJO DE MÁLAGA. Guitarra: Miguel Borrull, padre.

 

13. GRANAÍNA DE FRASQUITO “YERBAGÜENA”. (1922)

 

MANUEL PAVÓN Guitarra: Ramón Montoya.

 

14. SEGUIDILLAS. A clavito y canela. (1920)

 

NIÑO CARACOL. Guitarra: Manolo de Badajoz.

 

15. SEGUIRIYAS. Currito. (1931)

 

16. SOLEARES. Si quieres que te perdone. (1931)

 

GRUPO GITANO “LA COJA”.

 

17. FANDANGOS DEL ALBAYCIN. (1931)

 

LA NIÑA DE LOS PEINES. Guitarra: Niño Ricardo.

 

18. SOLEARES. Hasta la fe del bautismo. (1928)

 

19. SOLEARES. Cuando se empaña un cristal. (1928)

 

20. SEGUIRIYAS. Tú no tienes la culpa. (1928)

 

21. PETENERA. Quisiera yo renegar. (1928)

 

22. ALEGRÍAS. Yo le dí un duro al barquero. (1927)

 

23. SAETA. Ay, Pilatos. (1927)

 

24. SEGUIRIYA. Delante de mi mare. (1927)

 

25. TANGO FLAMENCO. Yo no te he dao motivos. (1927)

 

LA NIÑA DE LOS PEINES. Guitarra: Manolo de Badajoz.

 

26. BULERÍAS. Que te he querío no lo niego. (1929).

 

27. FIESTA GITANA. Yo he visto varios pintores. (1929).

 

TOMÁS PAVÓN. Guitarra: Niño Ricardo.

 

28. MEDIA GRANAÍNA. Que la llaman la Alcazaba. (1927).

 

29. FANDANGUILLOS. Amapola de un trigal. (1927).

 


Acerca del disco

No existe la menor duda de que el Concurso de Cante Jondo que se celebró en Granada, durante las fiestas del Corpus, entre los días 13 y 14 de junio de 1922, supuso un hito importante en la historia del flamenco, aunque algunos estudiosos del tema cuestionen desde el momento presente la oportunidad de su convocatoria, el modelo de organización y las restrictivas medidas de sus bases. Es verdad que a casi una centuria de distancia y habiendo comprobado el rumbo que ha tomado el flamenco durante este largo recorrido, algunas de sus propuestas podrían considerarse demasiado alarmistas, en cuanto a la inminente desaparición de las formas más puras del cante, hecho que ha desmentido el tiempo, a pesar de los sorpresivos vaivenes a los que ese mismo tiempo ha sometido a todo tipo de manifestaciones artísticas. Por otra parte, la taxativa división que los convocantes del concurso hicieron entre el verdadero cante jondo y el cante flamenco, como si fueran dos apartados intransferibles, en vez de vasos comunicantes, tampoco ha podido ser sostenida por sus respectivas evoluciones. Y en último lugar, por poner solo tres ejemplos, la exclusiva participación de cantaores aficionados, que en opinión de los organizadores guardaban la esencia de lo popular frente a los profesionales, contaminados ya por la comercialización y la influencia de la copla, dejó fuera del evento a grandes figuras del cante que contribuyeron a la ramificación de un frondoso árbol a partir de su raíz.


No puede decirse que la celebración del Concurso supusiera radicalmente un antes y un después en el desarrollo del flamenco, tal como mantienen algunos especialistas, pero sí que fue una piedra de toque y una llamada de atención pertinente para todos aquellos, intelectuales o no, que lo consideraban como una expresión marginal, de escaso in- terés cultural y propia de un mundo tabernario, oscuro y, cuando menos, pecaminoso. El caso es que, visto desde ahora, el Concurso supuso un esfuerzo de recuperación de un arte que se creía en peligro, y que tal vez lo estaba en cierto modo, una empresa enmarcada en el ideario regeneracionista de la Institución Libre de Enseñanza, fundada en 1876 –fecha del nacimiento de Manuel de Falla– por Francisco Giner de los Ríos. Precisamente fue su sobrino, el catedrático de derecho político de la Universidad de Granada, gran amigo de Lorca y del compositor gaditano, uno de los más destacados inspiradores del Concurso. Fernando de los Ríos era un buen aficionado al flamenco, frecuentaba locales donde se cantaba y bailaba, e incluso él mismo se atrevía a cantiñear desde un más que afanoso conocimiento.


Mas la figura indiscutible del evento fue Manuel de Falla, por encima de todos, incluso de Federico García Lorca, aunque a efectos organizativos la responsabilidad recayera sobre el pintor y escultor Miguel Cerón y el Centro Artístico, Literario y Científico de Granada, regido por Antonio Ortega, Antonio Gallego Burín y Francisco Vergara. Entre los más cercanos co- laboradores, además de Falla, Lorca y Fernando de los Ríos, se contaba con Fernando Vílchez, el guitarrista flamenco Manuel Jofré, Francisco Vergara, el pintor Ramón Carazo, el grabador Hermenegildo León o el guitarrista Andrés Segovia. Y al proyecto y solicitud general sumarían con su firma Oscar Esplá, Joaquín Turina, Juan Ramón Jiménez, Manuel Ángeles Ortíz, Ramón Pérez de Ayala, Adolfo Salazar, Bartolomé Pérez-Casas, Tomás Borrás, Enrique Díez Canedo, Hermenegildo Giner de los Ríos, Aga Lahowska y Conrado del Campo, entre otros.